Después de medianoche.
Las marcas necesitan respirar. Librarse de un producto o ideas preestablecidas. Buscar otros rumbos, sintetizar ideas, representar pensamientos. El branding tiene que ser absoluto. Tiene que dejar de ser condescendiente con el público, cliente o mero espectador. Debe comunicar ideas que representen una nueva forma de pensar; ayudar a generar un cambio cultural positivo. El fin no es vender; es pensar, es crecer. El intercambio económico quedará en segundo plano, siendo éste consecuencia de algo más grande. Que los valores corporativos que predican las marcas dejen de mirar para adentro, y empiecen a mirar hacia afuera. Tenemos que empezar a crear branding real. Comunicar lo que pensamos y no lo que creemos que pensamos o lo que creemos que piensan los demás. Las marcas deben ayudar a imaginar, decidir, crear, intuir, sentir. ¿Cómo podemos lograr eso? Empezando a entender que somos partícipes del cambio. Que no trabajamos para el cliente, sino con el cliente. Que tenemos que educar, motivar, decidir, transformar. Dejar de trabajar con clientes que nos convienen, y empezar a desarrollar proyectos que nos conmueven. Que invitan a pensar y seguir creciendo. Y seguiremos esperando hasta después de medianoche, cuando las ideas fluyen; esperando ser descubiertas, esperando un nuevo día para poder cambiar.
Después de medianoche.
Las marcas necesitan respirar. Librarse de un producto o ideas preestablecidas. Buscar otros rumbos, sintetizar ideas, representar pensamientos. El branding tiene que ser absoluto. Tiene que dejar de ser condescendiente con el público, cliente o mero espectador. Debe comunicar ideas que representen una nueva forma de pensar; ayudar a generar un cambio cultural positivo. El fin no es vender; es pensar, es crecer. El intercambio económico quedará en segundo plano, siendo éste consecuencia de algo más grande. Que los valores corporativos que predican las marcas dejen de mirar para adentro, y empiecen a mirar hacia afuera. Tenemos que empezar a crear branding real. Comunicar lo que pensamos y no lo que creemos que pensamos o lo que creemos que piensan los demás. Las marcas deben ayudar a imaginar, decidir, crear, intuir, sentir. ¿Cómo podemos lograr eso? Empezando a entender que somos partícipes del cambio. Que no trabajamos para el cliente, sino con el cliente. Que tenemos que educar, motivar, decidir, transformar. Dejar de trabajar con clientes que nos convienen, y empezar a desarrollar proyectos que nos conmueven. Que invitan a pensar y seguir creciendo. Y seguiremos esperando hasta después de medianoche, cuando las ideas fluyen; esperando ser descubiertas, esperando un nuevo día para poder cambiar.
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